En 2004 llevaron a escena uno de sus éxitos en el mundo del teatro, Opera Panique, de Alejandro Jodorowsky. Ahora es esta Escuela de Ventrílocuos, un texto del mismo autor, admirador de su arte en las tablas, con el que han trabajado mano a mano en la dramaturgia del espectáculo para dar vida a un montaje en la frontera de la risa, el mismo lugar donde la tragedia humana se convierte en algo grotesco. Un universo cercano a los evocados por Kafka o George Orwell, en el que los actores manipulan títeres de tamaño humano, aunque a veces parece ser al contrario… La compañía belga Point Zero, que desde 1993 es reconocida por su calidad artística y la elección de obras de grandes autores, afronta con veracidad este cuento filosófico que asombra, a veces asusta, y siempre hace reír al espectador. Porque todo vale en este mundo loco y divertido, espejo deformante de muchas de las facetas de nuestra personalidad. Celeste, el héroe de esta atrevida aventura loca, cae de la nada en un callejón desierto. Preso del pánico, se escapa y llega al jardín de una escuela de ventrílocuos, encabezada por el Sacro-Saint-Director (alusión al Gran Hermano de Orwell). Lanzado en paracaídas en este mundo paralelo donde los títeres son la ley, luchará para encontrar su camino. Jodorowsky describe en esta obra una sociedad donde todo debe estar compartimentado, vigilado, ordenado, alineado. Una sociedad que ha creado un modelo de hombre perfecto. Una sociedad que no sabe quién mueve los hilos y donde cada vez es más difícil saber cuál es el papel de cada uno. La construcción de una identidad, el hombre en relación con la Divinidad y el destino, la búsqueda de uno mismo, el papel del artista hoy, son los temas que el autor aborda en esta pieza mágica para actores y títeres de impresionantes creaciones que respiran, de metáforas y símbolos, de preguntas y, sobre todo, de mucha risa. Una comedia metafísica. Un sueño de comedia. Escritor, cineasta, guionista, maestro del tarot, Alejandro Jodorowsky ha viajado al mundo del títere, fascinado por la vida autónoma del muñeco y la creación de una personalidad desconocida movida por hilos: “Me siento manipulado por el títere. Esta relación profunda con los títeres ha creado el deseo de ser yo mismo un títere, es decir, un actor de teatro.” (De "Teatro de la curación") |