Hablando en platea

A Maceo, con amor

19/3/2018

A Maceo Parker, el medio millar de espectadores que ayer llenaron por tercera noche consecutiva, en un fin de semana para la memoria, el Teatro Juan Bravo de la Diputación, le dirían, le diríamos, con amor, que, en primer lugar, nos hizo sentir esa palabra en una manera en la que muchas veces la hemos conocido, pero quizás no en esa dimensión; no en esa altura, no con esa solidez. Hay que amar mucho la música para, a los 75 años y después de haber hecho el amor con ella en todas las posturas posibles, seguir girando alrededor del mundo con una banda, acostándose con una ciudad y prácticamente despertándose con otra, para, en un momento dado de la noche, subir a un escenario y desprender esa electricidad desde el primero hasta el último de los acordes.

A Maceo, con amor
‘Amor' es a menudo una palabra denostada, a ratos desgastada y a instantes excesivamente atrevida. Sin embargo, ayer Maceo Parker, después de empezar por el final, presentando a su banda músico a músico gracias a una intervención muy ‘a la americana' por parte de una señora con zapatos y tocado floreados, demostró que todo, absolutamente todo lo que importa en esta vida, es cuestión de amor. Qué importa levantarse pronto con dolor de huesos por la mañana si por la noche el funk te besa desde los pies a la boca y te puedes marcar un baile casi robótico, limitado por la edad pero no por el ritmo. Qué importa meterse en una furgoneta para viajar de una ciudad a otra del mapa, si al salir y subir a un escenario, el sonido de tu saxofón va a hacer volar de una nota a otra a centenares de personas que celebran que, tan grande como eres, te hayas acercado hasta una ciudad tan pequeña como Segovia para hacerles entender que tienes que ‘Love the one you're with' (‘Amar a aquel/lla con quien estás') y ‘Make it funky' (‘Hacerlo funky') ,o para recordarles que existieron músicos maravillosos como Marvin Gaye, Prince, Ben E. King, James Brown o, cómo no, un imprescindible en la memoria y las influencias de Parker, Ray Charles, que hacen que cada día y cada noche amar la música sea una necesidad básica. Como lo es comer, dormir o, mismamente, amar.
 
El medio millar de espectadores que ayer eligieron disfrutar de la oportunidad de escuchar a Maceo Parker en directo, fueron privilegiados testigos de diálogos puntiagudos entre el saxofón de Maceo y el trombón de Dennis Rollins, afortunados observadores de algo que a menudo se ve sobre los trastes de una guitarra, pero no sobre la madera de un bajo de seis cuerdas, las carreras de dedos de Rodney Skeet Curtis, o dichosos espectadores de un dueto voz-flauta con su prima y de la interpretación funky de una melodía de jazz.
 
"Ustedes están ahí sentados como si estuviesen en un concierto de jazz, pero nosotros no hacemos jazz, nosotros hacemos funky. Aún así, vamos a hacer una rápida interpretación de un tema de jazz… a nuestro ritmo", anticipaba Maceo Parker con esa sonrisa burlona que hizo reír al público desde su primera aparición. Por no hablar de sus pasitos de baile…
 
Prácticamente entre tema y tema, Parker hablaba con un acento afroamericano de Carolina del Norte tan difícil de cazar como sus dedos sobre el cuerpo del saxofón, pero que a veces por entenderse, y otras por deducirse, provocaba que los aplausos ejerciesen un efecto dominó entre los espectadores. Éstos, cuya gran mayoría admiró y amó el concierto brindado por Maceo desde el asiento pero sin cesar en el movimiento de cuello para adelante y para atrás, de manos sobre los muslos como si fuesen las cajas de una batería o de pies inquietos marcando el compás, fueron incapaces de resistir en los últimos temas y acabaron de pie, moviendo la cadera y dando las palmas que Maceo Parker les pedía. Haciéndolo funky y repitiendo, espontáneos "¡Viva la madre que te parió!" y requeridos "I love you" desde el escenario. Pues eso; que viva Novella Parker y que viva el amor por la música.
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